viernes, 4 de enero de 2013

Hablemos de sanidad.

Alberto Fabra: "La Sanidad seguirá siendo pública, universal, gratuita y de calidad. Bajo esos parámetros, seguiremos trabajando para que sea más eficaz." 27 de diciembre de 2012 


   La sanidad pública, universal y de calidad es pilar básico del Estado del Bienestar (que para el que no lo sepa es el conjunto de servicios o garantías que, por su consideración de esenciales, el Estado provee a la totalidad de los ciudadanos). No entraré en discusiones políticas o ideológicas respecto de que debe o no debe abarcar nuestro Estado del Bienestar, más allá de decir lo que todos sabemos: es un pilar fundamental de nuestro ordenamiento.

   Hablar de la sanidad pública conlleva, inevitablemente una alusión a la sanidad privada. NO es mi intención compararlas, ni supervalorar una en detrimento de la otra. Ambas existen, han sido y son compatibles. Zanjo ahora la cuestión con estas palabras: la sanidad pública no conlleva un menosprecio de la privada. Al contrario. Es magnífico que, quién pueda, se beneficie de la sanidad privada (y sus muchas ventajas por todos conocidos: agilidad de espera e intervenciones…). Pero, para los que no pueden (o mejor, podemos), la única alternativa que existe es la sanidad pública.
 
   Vivimos tiempos difíciles: políticas de recortes. Las fuerzas políticas conservadoras y neoliberales que las están aplicando los justifican con los argumentos de que tienen que efectuarse debido a la presión de los mercados financieros y/o de la Troika (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional y/o del gobierno Merkel que lidera las propuestas de austeridad de gasto público social en la Eurozona). Aún a riesgo de que parezca asombroso, tal afirmación es errónea y, poco creíble. Un cómputo de la magnitud que el Estado (central y autonómico) quiere ahorrarse con estos recortes nos lleva a una cifra que ronda los 6.000 millones de euros. Pero tal disminución del déficit podría haberse conseguido, no a través de los recortes sanitarios, sino mediante el incremento de impuestos que afectan principalmente a las rentas superiores, como el impuesto de patrimonio, manteniéndolo en lugar de eliminarlo tal como se ha hecho; el impuesto de sucesiones; y el impuesto de las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año (0,12% de todas las empresas), anulando la bajada de tales impuestos, también aprobada por tales partidos.

   El hecho de que estas alternativas (la subida de impuestos) hubieran recaído en sectores de la población (las clases acomodadas), que, aún cuando sean minoritarios, tienen una enorme influencia política, habiendo gozado históricamente de grandes privilegios fiscales, explica que ni siquiera se considere, optando, en cambio, por la reducción del déficit público del Estado mediante recortes del gasto público social que financia el Estado del Bienestar utilizado por la mayoría de la población.

   Los recortes en la sanidad NUNCA van a mejorar su funcionamiento, (sería como pensar que por quitar albañiles de una construcción, la casa va a construirse con mejor calidad). Si quitamos albañiles, la casa tardará más en acabarse. Si mejoramos las técnicas de construcción, la cualificación del personal o los materiales, la casa será de mejor calidad. Llamemos a las cosas por su nombre. BASTA YA de mentiras, y demagogias partidistas. Los recortes nunca mejorarán el funcionamiento o la eficiencia de la administración sanitaria porque no existe una relación de causalidad entre recorte-eficiencia, por mucho que la señora Ana Mato insista en que se hacen “para garantizar la sanidad pública y universal”.
Yo me limito a contarlo. Siguen siendo libres, de pensar lo contrario.

No hay comentarios:

Publicar un comentario