sábado, 12 de enero de 2013

Hablemos de corrupción.

           La corrupción política, desgraciadamente habitual, es esa práctica consistente en la utilización de las funciones y medios públicos, de aquellas personas que desempeñan un cargo público, en provecho (propio y/o ajeno), adulterando los fines del mismo en perjuicio del conjunto de la ciudadanos. Todos conocemos casos, así, algunos de los más conocidos serían:
-   "Caso Hormaechea": en el que el TSJ de Cantabria condenó a Hormaechea y a tres de sus consejeros al considerar probado que había desviado 2.959.132 pesetas (17.785 euros) para emitir anuncios en prensa y radio en 1989 en los que se descalificaba a sus adversarios políticos.
-   "Caso Pallerols": trama que dispuso ilícitamente de fondos públicos para destinarlos a la financiación ilegal de Unió Democràtica de Catalunya (UDC).
-   "Caso Malaya": entramado de asociaciones que oculta muchas actividades delictivas (cohechomalversación de caudales públicosprevaricacióntráfico de influencias...) llevadas a cabo, entre otros, por dirigentes del Ayuntamiento de Marbella (Julián Muñoz), importantes empresarios y abogados.
-   "Caso Gürtel": en la Comunidad Valenciana, denominada así por el apellido de Francisco Correa considerado el líder de la trama de corrupción, ha costado el puesto a tres alcaldes, una concejal, un consejero de la Comunidad de Madrid, un diputado, un director general de Ayuntamiento, dos cargos de confianza; al tesorero del PP, Luis Bárcenas y provocó la dimisión, entre otros, del President Francesc Camps.
-   "Caso de los EREs falsos": es una red de corrupción política vinculada a la Junta de Andalucía, que gobierna el PSOE desde el año 1980. El origen del escándalo está en la investigación del caso de corrupción en la empresa sevillana Mercasevilla, en las que se detectaron prejubilaciones aparentemente fraudulentas.
-   "Caso Dívar": Carlos Dívar, presidente del Consejo General del Poder Judicial y del TS desde septiembre de 2008 hasta junio de 2012, momento en que presentó su dimisión al destaparse un escándalo de pretendida malversación de caudales públicos a raíz de una serie de viajes (unos treinta) que realizó a la Costa del Sol, no justificados y pagados con dinero público.
-   "Caso Pretoria": pelotazo urbanístico entre 2002 y 2009, en el que, partiendo de un planeamiento urbanístico, se adjudicaba una obra a una determinada empresa, esta obra cambia de adjudicataria, se recalificaba el terreno en beneficio de esta empresa y en perjuicio de los intereses municipales, y se vende a un precio muy superior al constructor que finalmente realiza la obra.    
-   "Caso Brugal": delitos de sobornoextorsión y tráfico de influencias en la adjudicación de contratos públicos en concursos de gestión de los servicios de recogida de basuras en varias localidades gobernadas por el Partido Popular en la provincia de Alicante (España).
                   
            Estos son sólo unos ejemplos. Sinceramente, es difícil hablar de corrupción sin caer en el “y tú más”, propio de las personas pertenecientes a los partidos políticos. La corrupción es igualmente despreciable, AFECTE AL PARTIDO QUE AFECTE. Necesitamos gente HONRADA, HONESTA y DISPUESTA a servir al conjunto de los ciudadanos. Todos tienen su sueldo (algunos superan sólo en dietas lo que muchos de nosotros no cobraremos en meses) y lo único que tienen que hacer es desempeñar sus funciones (para las que, recuerdo, se presentaron voluntariamente). ¿Es mucho pedir? No creo, primero porque el dinero público es de todos. Segundo porque ellos mismos establecen sus sueldos y tercero porque traicionan la confianza que las personas depositamos en ellos para el desempeño de sus funciones.
            YA ESTÁ BIEN de mirar a otro lado, de “auto-justificarse” diciendo “que los del otro partido han hecho más, o peor”. El corrupto a la cárcel. Sea del partido que sea. Y que deje su lugar a la gente honrada para los cargos públicos. ES EL MÍNIMO EXIGIBLE. Si los dirigentes de un partido NOS ROBAN ¿por qué tolerarles que sigan haciéndolo? Debemos exigirles que se aparten, que devuelvan lo que nos han robado, que paguen por ello, y que dejen su puesto a las personas de su partido que no vayan a hacerlo.
        Otra opción es seguir consintiéndoles con nuestro voto. Aunque probablemente esta última no solucionará nada.  

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